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PP

Pablo Casado llegaba entusiasmado este lunes al Comité Ejecutivo Nacional del partido, convocado para nombrar a los portavoces en el Congreso y en el Senado, así como para valorar los resultados obtenidos en los últimos comicios. Todo iba bien hasta que, en un alarde de egocentrismo, Casado desdijo en la posterior rueda de prensa a varias de las figuras del PP reunidas para tal ocasión, lo que encendió la mecha de un polvorín que estalló poco después durante el almuerzo de los barones con el líder de los populares.

Sin la menor duda, la celebración de la reciente Convención del PP ha supuesto para el partido una considerable inyección de estímulo, tanto en el aspecto ideológico como igualmente de cara al refuerzo de liderazgo de Pablo Casado y especialmente pensando en la próxima y decisiva carrera electoral que supondrán los próximos comicios europeos, autonómicos y municipales.

Tras la arrolladora victoria obtenida por Pablo Casado con el respaldo del 57% de los compromisarios, frente a la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias del PP y una vez superado el festival de discursos, aplausos y abrazos, léase Congreso, los futuros dirigentes del partido ya están pensando en el reparto de carguitos y canonjías, salvando la distancia que les separa en función de la candidatura apoyada.
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Todo parecía indicar que, tras descubrirse la petición de Dolores Cospedal García al comisario José Manuel Villarejo, el espiar a su compañero de dirección en el PP, Javier Arenas, sus días en el partido estarían contados en función de sus declaraciones en la COPE.