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Política

Dicen los agoreros que, cuando un país tiene una crisis económica casi terminal, resulta muy complejo salir adelante ya que las políticas que fomentan el crecimiento surten efecto a largo plazo.

En opinión de diversos intelectuales, son legión los dirigentes de partidos de izquierda, quienes a lo largo de su carrera política, experimentan un permanente deslizamiento hacia la derecha en cuanto a tendencias y perfiles se refiere.

Sería un error pensar que ha sido la casualidad, la que ha llevado a Sánchez a la Moncloa y que es la casualidad quien le mantiene allí. Encumbrado, donde nunca mereció llegar, gracias a un plan que no tuvo nada de azar, disfruta Sánchez como el nuevo rico que teme despertar del sueño de serlo.

No me creo que el delfín Íñigo Errejón traicione a su amado Pablo Iglesias. No me creo que traicione a Podemos y caiga en las garras de la comunista Carmena rompiendo su partido.

A este paso, el prestigio de nuestra democracia acabará por los suelos. Ya son varios los medios, redes sociales, etc. en los cuales, a nuestro peculiar Marco Polo se le equipara con el innombrable Zapatero, y tal comparación rompe todos los moldes de la categoría y eficacia política… Existen ciertos temas que ni como broma deberían ser tolerados.

Ya puestos, reconozcamos que en general, la talla intelectual de nuestros políticos ha experimentado una considerable pérdida de nivel, comenzando por los del partido del Gobierno.

En la famosa novela de los viajes de Gulliver se habla de dos ciudades que están permanentemente en guerra (Liliput y Blefuscu), por una disputa sobre… ¡cómo cascar los huevos duros!

Tras la arrolladora victoria obtenida por Pablo Casado con el respaldo del 57% de los compromisarios, frente a la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias del PP y una vez superado el festival de discursos, aplausos y abrazos, léase Congreso, los futuros dirigentes del partido ya están pensando en el reparto de carguitos y canonjías, salvando la distancia que les separa en función de la candidatura apoyada.

Solo en Colombia hay cerca de un millón de venezolanos que han huido del gobierno chavista dejando familia, trabajo, estudios y hasta propiedades. En Buenos Aires, el acento venezolano es cotidiano y, pocos días atrás, vi a una estudiante de la Universidad Central de Venezuela, que vivió en las calles porteñas hasta que una señora se apiadó y la llevó con ella, que vendía sus artesanías en el metro.

Sin la menor duda, la celebración de la reciente Convención del PP ha supuesto para el partido una considerable inyección de estímulo, tanto en el aspecto ideológico como igualmente de cara al refuerzo de liderazgo de Pablo Casado y especialmente pensando en la próxima y decisiva carrera electoral que supondrán los próximos comicios europeos, autonómicos y municipales.

Sin la menor duda, el triunvirato andaluz nace carente de la necesaria sintonía entre sus aliados y con notoria ausencia de liderazgo por parte de su presidente, Moreno Bonilla (PP) unido al agravante que entraña gobernar formando parte de una coalición.

La escasa participación en las pasadas elecciones autonómicas andaluzas, en esta ocasión ha resultado un dato clave con especial repercusión negativa para las fuerzas de izquierda.

Mientras en las filas socialistas reconocen abiertamente estar viviendo momentos muy amargos, son los propios veteranos del partido los que vaticinan que “esto no puede aguantar más”. Cada día que pasa es peor que el anterior, discurriendo en un clima entre el asombro y la confusión.

Pretender vincular un homenaje a las víctimas del terrorismo con el aberrante empeño del independentismo catalán, supone, cuando menos, un mayúsculo despropósito.

“¿Que no hay infierno? Sí, hay... (Cállate, corazón, que esto bien por desgracia, lo sabemos tú y yo.)”, Rubén Darío.