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Jorge Molina Sanz

Esta mañana al llegar al café vi que mis amigos ya estaban enzarzados en comentarios sobre la actualidad. Se habían parado ante una noticia sobre una violación en manada por un grupo de jóvenes de escasa edad.

Vi que mi marino anda estos días desorientado y observa con atención las noticias sobre la irrupción de VOX, y la polvareda que han levantado sus propuestas.

Esta mañana asistimos a un día soleado con el mar en calma, no parece que el calendario señala que estamos ya en pleno invierno. Cuando llegamos a nuestro lugar de encuentro, nos estaba esperando nuestra amiga, la joven profesora, que ya había pedido nuestros cafés.

Después de vivir unos días agitados y convulsos como consecuencia de los resultados electorales andaluces, pensé que nuestro encuentro iba a ser sosegado porque encontré a mi viejo marino tranquilo, relajado y sonriente.

Cuando llegué al café encontré a mi viejo marino leyendo el periódico. Me señaló una crónica y me comentó…

Hoy mi viejo marino llegó todavía mohíno con el tema de los impuestos de las hipotecas.

Apenas le habíamos dado un primer sorbo al café cuando mi viejo marino, siempre ojo avizor, me indicó algo alterado…

Cada día me apasionan más los momentos que paso con el viejo marino en mi aldea. En esas tertulias siempre tengo la oportunidad de conocer interesantes historias, contar con un punto de vista original y una perspectiva diferente.
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Esta mañana vi que mis amigos estaban risueños, divertidos y con aspecto de tener algún kilo añadido en la zona del abdomen y ya totalmente recuperados de la resaca del año nuevo.

Esta mañana mi viejo marino me enseñó unos recortes que llevaba en sus manos. Lo miré con curiosidad y señalando los papeles me dijo…

Ha habido elecciones en Andalucía, y sus resultados se han vivido como nacionales, al menos así lo ve mi viejo marino que ha aparecido esta mañana con todos los periódicos locales a tomar nuestro café.

Hoy mi viejo marino, lejos de su habitual talante, estaba triste, se le notaba molesto, algo mohíno y enfurecido. Al llegar sorbí mi café, le miré al rostro y le pregunté cuáles eran los motivos de su semblante.

Hoy mi viejo marino llegó al café con un archivador con toda la documentación de su casa: escritura de compra, pagos de impuestos, de notaría y registro; más todos otros pagos como tasación, gestoría, licencia de primera ocupación. En fin, todo un archivador.

Esta mañana al café con mi viejo amigo se sumó una amiga, divertida, inteligente, vehemente y buena conversadora.

Me cuentan que la historia de Mariano comenzó en la playa de mi aldea. Todas las mañanas solía pasear junto a la orilla, a paso ligero, dejando que la resaca de las olas mojase sus pies descalzos.