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Joaquín Abad

Tuve la mala suerte de sufrir durante muchos años a una mafia local, en Almería, que en los ochenta y comienzos de los noventa actuaba con total impunidad frente a una sociedad que acobardada miraba para otro lado en lugar de enfrentarse a la banda.

Tras el asombroso éxito de ‘El andorrano’, convertido en el fenómeno editorial del año en Andorra y logrando liderar las listas de ventas de plataformas digitales como Amazon en el país, e incluso en España, Joaquín Abad presenta el segundo volumen de la trilogía, ‘Y la luz llegó a Andorra’. Una novela de tintes reales cuya segunda edición llega cargada de novedades: cuenta con diez cartas secretas plagadas de mensajes ocultos, visibles gracias a la linterna UV que incluye la nueva edición.

En Moncloa están encantados con el affaire en torno a la ministra de justicia, Lola Delgado, a la que tienen orden de arropar todo lo posible, ya que, como dice el refrán, la mancha de mora con otra verde se quita.

Me cuenta un pajarito que Pablo Iglesias y sus secuaces andan partidos de la risa. No se pueden creer la suerte que han tenido con el cambio de foco en la prensa española.

La que se les viene encima a muchos políticos, que son los que cobran de nuestros impuestos, ni se lo pueden imaginar. Internet, que fue una bendición para consultar y agilizar las búsquedas, va a provocar más de un infarto.

El periodista y escritor Joaquín Abad ha logrado eludir la censura y colarse en lo más alto de la lista de ventas de Amazon. Un auténtico fenómeno editorial que ha dejado sin ejemplares a las librerías del principado, que ya hablan ‘El andorrano’ como el libro más vendido de la historia de Andorra.

Pese a que parece más una noticia de épocas pasadas, la última novela del periodista Joaquín Abad, ‘El Andorrano’, se enfrenta a la censura en pleno siglo XXI.

Uno de los crímenes periodísticos más repugnantes que he vivido tienen que ver con Cristina Fallarás, que ahora la incluyen en la lista de consejeros de RTVE, a comienzos del dos mil.

Es lo del refrán, que en boca cerrada no entran moscas. El problema es que entre copa y copa es muy difícil mantener la boca cerrada.

La noticia de un supuesto plagio en el libro publicado por el presidente Sánchez y Carlos Ocaña, basado en la tesis doctoral, en la portada del diario El País, y reproducido ese mismo día por eldiario.es, ha sido un jarro de agua fría y un aviso de que la crisis no ha cesado.

Como el video doméstico que se hizo famoso hace años, “la que has liado pajarito”. Ayer escuchamos cómo un presidente de gobierno mentía en sede parlamentaria al informar que en TESEO estaba colgada su tesis doctoral, cuando en realidad sólo estaba disponible la ficha.

No era famoso. No era ambicioso. No era creído ni egoísta. Cuando lo necesitabas, allí estaba, como un ángel de la guarda, llenándote la piscina, la balsa, o ayudándote en las labores de la finca. El pasado sábado se le despidió en la iglesia parroquial de Pechina.

Pues creo que Joaquín Torra, ese presidente nazi que sufrimos en la tierra de mi madre, debe tener razón. Los españoles tenemos una tara en el ADN que nos hace diferentes.

Dicen que fue el entonces Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura, quien a comienzos de siglo acuñó esa frase de que las negociaciones debían realizarse “con luz y taquígrafos”, para que se conociera qué se cedía y a cambio de qué.

Me da en la nariz que Pedro Sánchez ha conseguido con su “ministro plenipotenciario” Pablo Iglesias calmar a los de la República Catalana, porque eso es lo que se creen que es, un estado independiente, los seguidores de ese nazi conocido por su diminutivo Quim, llamado Joaquín Torra.