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Políticos pez
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Políticos pez

jueves 14 de febrero de 2019, 16:31h
Nos sorprenden algunas comparecencias y manifestaciones de políticos: lo que hoy sostienen es justo lo contrario a lo que declaraban pocos días antes. A eso se le puede añadir su incapacidad de dialogar con integridad para llegar a acuerdos reales que antepongan los intereses generales a los partidistas.

Mientras tomábamos nuestro café de fondo se oía la televisión y se escuchaban las manifestaciones de un político. Raudo nuestro viejo marino dijo:

—Me enfada ver lo que está diciendo ahora este político; justo lo contrario que defendía hace pocas semanas. Parecería que nos consideran mentalmente incapacitados y que somos incapaces de tener un juicio propio. ¿A que creéis que se debe esa costumbre, ya tan usual, de algunos políticos?

Nuestra joven profesora, con cara burlona, aunque dando una percepción de seriedad, nos dice:

—Es muy sencillo. Esos políticos son los piscis politicus —hizo una pausa de suspense y continuó—aunque utilizando un latín algo más ortodoxo podrían ser unos piscis rei publicae.

El comentario nos pareció gracioso, quisimos entender que la traducción sería algo así como políticos pez. No acababa de entender, aunque nuestro viejo marino preguntó:

—¿Podría ser que eso lo dijeses por aquello del «diálogo de besugos»?

Nuestra joven y erudita profesora nos aclaro que esos eran una subespecie, es más muy extendida en la fauna política española. Esos son los pagellus bogaraveo políticus. Se caracterizan por su capacidad de estar hablando continuamente de vegetales: unos hablan de frutas y otros de verduras, pero nunca son capaces de ponerse de acuerdo. Esta especie está muy extendida por el Mediterráneo, ahí se ve que esa práctica, no solo es española, sino que se puede ver con frecuencia en algunos de nuestros vecinos y se caracterizan porque cuando están en ese «diálogo de besugos» los ojos se les ponen más grandes y la boca más pequeña, aunque el labio inferior se les acentúa hasta parecer auténticos bobalicones.

Risas y nuestro viejo marino volvió a preguntar:

—Si consideras a éstos como una subespecie ¿Cuáles son las otras especies de esos piscis políticus?

La respuesta no se hizo esperar:

— Fácil. Son «políticos pez» porque tienen la misma memoria que ellos. Realmente esos piscis politicus no nos mienten, no nos consideran estólidos, no piensan que seamos bobos. Sencillamente que olvidan aquello que nos dijeron —y seguro que entendimos mal—, es más, somos nosotros los culpables de no percibir la verdadera naturaleza de las cosas, de no entender que son asuntos de estado. Somos seres abyectos e incapaces de entender nada.

Esto era suficiente para que nuestro marino, con su habitual socarronería, siguiera con el símil y añadiese:

—Empiezo a comprender. Dentro de la especie del piscis politicus podríamos ver como hay una gama de colores y de peces, según sus hábitos y tipos de desmemorias.

Nuestra amiga nos siguió ilustrando:

—Cierto. Por ejemplo, tenemos al synchiropus splendidus, el mandarín dragonet un bello pez azulado moteado con colores naranjas y verdes. Se sabe que, siendo su origen el azul, después de sus recientes vicisitudes políticas, está desconcertado viendo que otros peces naranjas y verdes le están ocupando su hábitat natural. También le caracteriza que ahora pregona algunas cosas que cuando estuvo en el poder no hizo —seguro que producto de la desmemoria— ahora reclama con ahínco. Otra especie es la lilac snapper, un majestuoso pez de colores morados, grande, cazador y voraz. Este pez es singular por su melena y discurso grandilocuente. Promete un mundo mejor, pero olvida —o no quiere ver— que donde se han implantado esas teorías solo han traído pobreza y ruina. Otra característica común es que con su melena nos dé lecciones permanentemente.

Muchas risas divertidas —seguramente son la mejor terapia ante un panorama tan extraño y complejo como el que estamos viviendo—; pero nuestra joven profesora no había terminado, y siguió relatando:

—Tenemos el hipocampus, el caballito de mar, de un luminoso color naranja que por su movilidad se mueve entre los peces azules y los rojos, aunque eso le crea incomprensiones, porque podría parecer que olvida algunos de sus principios. Contamos con otra especie, el carassius auratus, un pez rojo, también conocido como carpa dorada, que nos encandila, uno de los primeros peces domesticados por el hombre. Aunque viendo sus últimas derivas, más se parece al pterois antennata, conocido como el pez león, un pez de colores rojizos, pero que se puede convertir en uno de los peces más venenosos del medio marino con sus espinas dorsales. Este pez mantiene un discurso disparatado, desmemoriado y cambiante. Tan alejado del añorado carassius auratus, su predecesor que contribuyó a la democracia —con aciertos y errores—, pero que gobernó con lealtad al país durante muchos años.

Más risas, y nuestra profesora nos siguió diciendo:

—En nuestros mares ha aparecido recientemente una nueva especie, el labridae un pez verde, con tonos azules y morados, aunque sus colores sean el rojo y gualda. Es un pez comestible —aunque sea de difícil digestión— que hace duras y polémicas manifestaciones, aunque todavía no tiene demostrado que sus ideas nos sirvan para comer.

Nuestro viejo marino, entre risas, exclamó:

—¡Me rindo! Todo esto me suena a «coña marinera».

Asentimos, aunque con el mar enfrente no se podía esperar otra cosa, y convenimos que a veces reírse y no tomar en serio a nuestros políticos era la mejor actitud que podíamos tomar.

Claro que, nosotros, que sabemos aquí, en nuestra aldea.

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